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Compartir sin romper el sello
Compartir es el punto en el que la mayoría de los productos renuncian en silencio al cifrado. En cuanto dos personas necesitan el mismo documento, lo fácil es descifrarlo en el servidor y llamarlo función. Nosotros no fuimos por lo fácil.
Blackbear comparte archivos, carpetas y ediciones en vivo sin darnos las claves. Así funciona por dentro.
Los permisos son un documento firmado
Cada espacio compartido se rige por un esquema de permisos: un pequeño documento de políticas que nombra a cada miembro y lo que puede hacer. Lo firma el dispositivo del propietario. Cada versión nueva se encadena al hash de la anterior y hace avanzar un contador de época.
Una vez que tu dispositivo ha visto una versión de un espacio, rechaza cualquier versión anterior: la versión ocho nunca será sustituida por la siete. Un dispositivo recién estrenado no tiene historial con el que comparar y parte de lo primero que recibe; a partir de ese primer vistazo, el trinquete aguanta. El servidor distribuye la política. No puede redactarla, y no puede hacerla retroceder en ningún dispositivo con historial.
Una clave, sellada para cada persona
Un espacio compartido tiene una clave de contenido. Nadie la envía a la vista de todos. Se sella por separado con la clave pública de cada miembro, y el servidor guarda esas copias selladas. Puede tenerlas todas y no abrir ninguna.
Roles imposibles de falsificar
Lector, comentarista, editor, moderador, propietario. Cada rol concedido lleva la firma de la persona que lo concedió. Editar una fila de una base de datos no asciende a nadie.
Revocar es rotar
Quitar a alguien cambia de época: la clave de contenido rota y se vuelve a sellar para todos los que quedan. Todo lo que se comparta desde ese momento queda a oscuras para quien se fue.
La honestidad exige contar la otra mitad: lo que alguien ya había sincronizado ya era suyo. Ningún protocolo puede entrar en un dispositivo y deshacer un envío. Quien diga que su revocación hace eso te está vendiendo algo.
La edición en vivo es texto cifrado retransmitido
La colaboración en tiempo real envía actualizaciones CRDT cifradas a través del servidor. El servidor ve las huellas de los miembros, las épocas de las claves y los tamaños. Ordena el flujo y lo reparte. Las palabras que aparecen bajo el cursor de quien edita contigo se abren en su dispositivo, no en el nuestro.
La autoría va firmada
Tus acciones se firman con la clave de tu perfil. Pax firma con la suya. Lo que escribiste tú y lo que escribió tu asistente siguen siendo criptográficamente distintos, sin que tengas que configurar nada.
Tu gente no paga
Compartir no exige que la otra parte pague. El sellado del contenido funciona igual para todos los miembros, con plan gratuito o de pago. Y los invitados gratuitos participan por completo en los espacios que patrocina un anfitrión de pago: escriben, editan con los demás y se unen a llamadas, con las mismas reglas de acceso que todos. La regla de fondo es sencilla: toda conexión retransmitida debe incluir al menos a un anfitrión, y cuando el servidor no puede demostrarlo, la rechaza.
Y con esto termina la serie. Tu contenido se sella en tu dispositivo antes de viajar. Nuestros servidores guardan un registro breve y público de metadatos. Y compartir extiende el sello en lugar de romperlo.
Para saber más
- Public-key cryptography — cómo funciona sellar algo para una persona
- Conflict-free replicated data types — las matemáticas de la edición conjunta en vivo
- Yjs — el motor CRDT sobre el que se construye nuestra edición en vivo
- Hash chains — por qué los permisos no se pueden hacer retroceder en silencio
- Digital signatures — por qué los roles no se pueden falsificar
Seguridad en Blackbear
- 1. Lo que no podemos leer
- 2. Lo que ven nuestros servidores
- 3. Compartir sin romper el sello (estás aquí)